La obesidad dispara el riesgo de infartos e ictus
En la V Jornada de OKSALUD se puso de manifiesto la preocupación real por la elevada prevalencia de la obesidad. En opinión del reputado cardiólogo, doctor Manuel de la Peña, director de la cátedra del corazón y longevidad y presidente del Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social, en el 2035 se estima que el 50% de la población sufrirá de obesidad, la cual está asociada a 200 enfermedades, algunas del ámbito cardiovascular como fibrilación auricular, insuficiencia cardiaca, hipertensión arterial y cardiopatía isquémica, lo que dispara hasta en un 70% el riesgo de infartos e ictus y aumenta hasta en 8 veces el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Continúa señalando que el aumento de peso y la acumulación de tejido adiposo visceral produce cambios que inducen al aumento del gasto cardiaco, hipertrofia ventricular, hipertensión pulmonar y apnea obstructiva de sueño. Asimismo, diversos estudios han demostrado que el exceso de grasa abdominal puede multiplicar por dos el riesgo de padecer enfermedad coronaria.
De la Peña subraya que todas estas patologías están relacionadas estrechamente con el patrón de distribución del tejido adiposo, es decir, la grasa acumulada alrededor de algunos de los principales órganos del cuerpo, denominada grasa visceral y esto ha provocado un cambio de paradigma en el diagnóstico de la obesidad. A partir de ahora se tendrá en cuenta la distribución de la grasa corporal en función de la edad, el sexo y la etnia de los pacientes, que es lo que verdaderamente define la composición corporal del individuo o los signos y síntomas de mala salud como la patología cardiovascular, entre otras. Hasta el momento actual, el diagnóstico tan sólo se realizaba a través del índice de masa corporal, cuando la persona tenía un IMC superior a 30 kg/m2.
Dos categorías de obesidad
Por ello, se han establecido dos categorías diagnósticas: «obesidad clínica» (que incluye alguna enfermedad asociada) y «obesidad subclínica» (cuando no hay todavía síntomas de ninguna patología subyacente).Por otro lado, el doctor afirma que la obesidad acorta la esperanza de vida, ya que acelera los mecanismos del envejecimiento al influir en el acortamiento de los telómeros, ser una catalizadora de la arterioesclerosis y de la disfunción endotelial y provocar estrés oxidativo con disfunción mitocondrial.
Asimismo, De la Peña señala que el tejido adiposo actúa como un órgano endocrino que libera hormonas y citocinas, denominadas adipocinas, que regulan procesos como el metabolismo lipídico (aumenta el LDL colesterol y los triglicéridos y disminuye el HDL) y eleva la glucemia, entre otras cosas. En las personas obesas se altera la producción de algunas de estas adipocinas, lo que promueve un estado aterogénico, proinflamatorio y protrombótico.
En la Guía para vivir sanos 120 años, De la Peña describe cómo la dieta mediterránea, la restricción calórica y el ayuno intermitente 16/8 pueden extender significativamente la esperanza de vida. Y recomienda que las dietas deben incluir alimentos de buena calidad nutricional, las grasas saturadas deben ser desplazadas por las insaturadas y eliminar los ultraprocesados.
En las entrevistas clínicas realizadas a supercentenarios, De la Peña se encontró que todos eran flacos y flacas, tenían su colesterol total en 120, su tensión arterial en 120 y habían restringido el consumo de sal y azúcar, hacen ejercicio físico al menos veinte minutos al día, ninguno fumaba, su microbiota es rica en prebióticos y probióticos y saben gestionar la calma y serenidad.